Lejos quedan los años en los que era invisible la violencia domestica (en la casa), la violencia familiar (a los miembros de la familia) o la violencia de género (por el hecho de ser mujer).

Afortunadamente y gracias a la lucha constante de hombres y mujeres valientes y resistentes, ya no existe la impunidad, ni mirar hacia otro lado, ni darse un paseo para tranquilizar conciencias.

La lucha es ardua y ahí seguimos y no cansarnos es lo que propiciará que los Tribunales, los Jueces, los Fiscales, los Equipos Psicosociales y los Abogados pongamos en nuestro trabajo diario nuestra permanente voluntad de no permitir la desigualdad, el abuso, la opresión y la instrumentalización del miedo como arma de destrucción de cuerpos y almas.

Hace poco el Tribunal Supremo declaro que el impago de las pensiones alimenticias de los hijos supone violencia doméstica.

Cuando un progenitor no abona las pensiones de los hijos pone en una situación emocional, económica y social insostenible e insoportable al otro progenitor. Y eso hace mucho daño, eso hunde muy hacia abajo, eso es la humillación en estado puro, eso supone la asfixia del progenitor custodio y de los hijos que dependen de esas pensiones.

El futuro de nuestros hijos debe escribirse con empatía, con cuidado, con responsabilidad, con dialogo. Intentemos caminar con los zapatos del otro, para poder mirar en cualquier dirección encontrando compañeros de viaje, maestros de relatos, funambulistas de la alegría, consejeros para avanzar, cambiar o retroceder, hombres y mujeres libres.

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